Inmigrantes del CETI de Melilla. / S.R


Rodeado de cientos de turistas que miran a la inmensa ciudad de Paris en las escalinatas de de la Iglesia del Sagrado Corazón en Montmartre se encuentra Bereber.

Este hombre de origen argelino de unos cuarenta años de edad contempla entre la muchedumbre el atardecer parisino entre cervezas y cigarrillos de hachís. Su calma lo revela, pero la palabra Melilla le tuerce la mirada hacia mí.

Apenas nos conocemos pero Bereber es uno de los pocos argelinos que han conseguido su sueño de llegar a Francia tras pasar nueve meses en el Centro de Estancia Temporal para Extranjeros (CETI) de Melilla. “Melilla es una cárcel, la valla con Marruecos lo corrobora” comenta el argelino mientras cantautores parisinos tocan sus maquetas.

Este hombre de manos secas trabaja de pintor en París y le costó más de cuatro años. Salió de Orán con destino Melilla hace unos años para conseguir su sueño europeo, en Marruecos compró un documento falso que le permitió pasar por la frontera de Beni Enzar a pie, pero se quedó atrapado en la ciudad autónoma.

Tras meses de lucha logró un pase para ir a la península, Bereber tiene la tarjeta de solicitante de asilo y fue trasladado hacia el Centro de Acogida de Refugiados de Sevilla donde pasó seis meses hasta que fue rechazado su asilo. “Cuando llegué a Sevilla y Andalucía me sentí tan feliz” apostilla.

Una vez fue cumplido su estancia en el Centro de Acogida inició varios trabajos en diferentes zonas del norte de España y el sur de Francia, su objetivo era Paris. Lo conquistó hace tan solo tres meses y ahora solo espera lograr sus objetivos en esta ciudad.

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