Varios migrantes del Chad en las puertas del CETI en Melilla. / S.Rodrigo


Sus caras sudorientas y sus rezos a Dios muestran el terrible miedo que estas nueve personas del Chad están pasando.

Estos chicos han salido desde uno de los países más pobre de África y ayer llegaron a Melilla, un enclave español en el norte de África que no pertenece al espacio Shengen.

Han pasado casi cuatro meses en la ciudad fronteriza de Nador y en el monte Gurugú, tras cruzar Libia, Argelia y Marruecos. Ayer, después de esperar su turno decidieron saltar la vaya junto a otros 300 compañero. Ellos los consiguieron.

Están en las puerta del CETI, un centro de estancia temporal para extranjeros, y solo quieren conseguir el sueño Europeo, sin embargo el gobierno de España les ha acusado de “invasión” y de actuar con una “actitud prepotente y violenta”.

Además, ningún médico atendió a estos chicos, según dice el comunicado de delegación tan solo atendieron a cuatro de cien, que acababan de saltar, descalzos y medio desnudos, una alambrada cargada de pinchos y con una altura de seis metros.

Sus rostros muestran el lamento de un viaje duro, un viaje que en Melilla lo han calificado de invasión, pero que tan solo fue un gesto de desesperación ante las altas desigualdades que el mundo ha originado, y consecuencia también las altas trabas que la Unión Europea pone a los naturales flujos migratorios.

Y es que la inmigración no es un fenómeno de actualidad sino algo común desde que se conoce la historia de la humanidad.

 

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