La región norteafricana del Magreb es a día de hoy una zona geográfica donde se ha conseguido abolir en casi su plenitud la pena de muerte a excepción del régimen libio, que desde la caída del dictador Muammar al Gadafi no ha aprobado su compromiso contra la pena capital.

Por otro lado, la recién estrenada democracia en Túnez ha avanzado en la abolición de esta norma, y aunque sus esfuerzos son grandes dese la caída de Ben Alí, asilado en Arabia Saudí, a pesar de no tener el nuevo código penal definido no se han producido condenas de muerte.

En Marruecos y Argelia, los países más modernos de la región tampoco han usado estas técnicas dentro de sus juzgados civiles desde hace décadas. En Mauritania, país vecino con Malí, país cuya región del norte es controlada por islamistas radicales, tampoco practica la pena capital.

No obstante el autoproclamado estado del Azawat es el principal eslabón crítico del aumento de lapidaciones y asesinatos en la región del Sahel, que preocupa su contagio entre los países limítrofes del Magreb que ya han puesto sus fuerzas en deslegitimar el autoproclamado gobierno.

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