Cientos de miles de musulmanes celebran en todos los rincones de la región del norte de África la Pascua del Sacrificio o Eid al-Kabir, la fiesta se produce 70 días después del fin del Ramadán y tras la peregrinación a la ciudad sagrada de Meca.

La fiesta más grande de los musulmanes conmemora el pasaje recogido tanto la Biblia como el Corán, en el que se muestra la voluntad de Abraham (Ibrahim) de sacrificar a su hijo Ismael (Isma’il) como un acto de obediencia a Dios, antes de que Dios interviniera para proporcionarle un cordero y que sacrificara a este animal en su lugar.

Con esta festividad, los musulmanes recuerdan que el Islam significa sumisión, ya que nadie mostró mejor su sumisión a Dios que Abraham, quien estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo primogénito como prueba de su lealtad a Dios. Al final, Dios fue clemente y paró su brazo en el aire justo cuando iba a cercenar el cuello de su hijo. Agradecido, Abraham sacrificó un carnero en su lugar y es en imitación de ese acto que los musulmanes matan a sus animales en lo que se considera la Fiesta Mayor del Islam.

Según el Corán, Ismael, el hijo primogénito de Abraham, engendrado por su esposa Agar, fue el protagonista de la historia a diferencia de la tradición judeo-cristiana, que otorga este papel a Isaac. La carne del animal es separada en tercios, una para la persona que obsequia a la bestia, otra para repartir entre sus parientes y el último tercio para los necesitados, independientemente de su religión, raza o nacionalidad.

Como en la imagen, el blanco es el color de este día que simboliza la pureza y claridad ante los ojos de Dios, por ello es común que en este día los musulmanes vistan de riguroso blanco y estén perfectamente aseados.

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