Bienvenidos los descalzos, los lúgubres, los nostálgicos.
Bienvenidos los que ríen, los que juegan con los vientos, los quiméricos.
Bienvenidos los pequeños gigantes, los inocentes, los esperanzadores.

Bienvenidos los que enseñan, los que chapucean en el mar, los que sueñan.
Bienvenidos los que aprenden, los que duermen, los que luchan.
Bienvenidos los vulnerables, los que besan, los que no se cansan.

Bienvenidos los ligeros de equipaje, los que vuelan, los que regresan.
Bienvenidos los hijos de las nubes, los embajadores, los guerrilleros.
Bienvenidos sean los niños saharauis de Vacaciones en Paz.

 

Salamu Hamudi

Hoy empiezo con las palabras de un amigo, compañero y hermano periodista, de origen saharaui, que redactó estas líneas hace ya cuatro años y que quiero volver a poner en la palestra ante la llegada esta noche de los primeros dos vuelos del programa solidario de Vacaciones en Paz.

Desde la madrugada de hoy y hasta el próximo 1 de julio unos 1500 menores procedentes de los campamentos de refugiados saharauis pasaran junto a familias andaluzas la temporada estival.

Los campamentos de refugiados saharauis se sitúan en la hamada argelina, uno de los lugares más calurosos e inhóspitos del desierto del Sahara, que superan en los meses estivales los 50 grados a la sombra lo que supone un riesgo para menores vivir durante el verano en dichas condiciones.

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