Periodistas fotografía el asiento de Libia, ahora reemplazado en Nueva York. / UN Photo- Jean-Marc Ferré

Túnez y Libia han sido los dos únicos países en conseguir derrocar a sus dictadores, unos más violentos que otros y unos con más apoyo internacional que otros. Pero en los demás países del Magreb que también han sufrido protestas y movimientos democráticos ¿Qué ha ocurrido?

En Mauritania, uno de los principales países en avalar el ejemplo de Túnez, varios ciudadanos se prendieron fuego a lo bonzo para desembocar una oleada de protestas, sin embargo el bajo uso de los nuevos canales de información no fraguaron bien las revueltas, y las medidas populistas del presidente Ould Abdelaziz frenaron el desarrollo de esta.

Abdelaziz aprobó una serie de normativas sobre la esclavitud, técnica aún practicada en el país africano, que beneficiaron sobre todo a las clases más pobres y a las tribus negras. Esto generó un retroceso de las protestas y mayor arraigo de algunos colectivos al presidente.

En Marruecos las protestas se organizaron desde Internet a través de un movimiento muy organizado que supo expandir el mensaje a través de los canales no oficialistas y la prensa internacional. Por su parte el líder marroquí, Mohamed VI, supo frenar las protestas con dureza y a través del anuncio de una serie de reformas que beneficiarían al pueblo, prueba de ello fue el referéndum que se celebró en julio de 2011, bajando gravemente la popularidad del movimiento 20F.

Por otro lado, la gran Argelia de Bouteflika también fue escenario de protestas y movimiento ciudadanos, así como suicidios a lo bonzo que no llegaron a buen puerto. Argelia sufre desde los años 90 una guerra encubierta entre los islamistas radicales y el Gobierno, con medidas que violan los derechos humanos pero que son apoyadas por el pueblo argelino. La medida del gobierno argelino para frenar las protestas fue eliminar el estado de excepción y reformas económicas en la alimentación y los trabajadores públicos, que han dado buenos frutos al régimen.

No obstante, el miedo al contagio de la ‘Primavera Árabe’ ha hecho que los líderes árabes se sientan agarrados por el cuello y ofrecen su cara más amable a un pueblo con ansias de democracia y cansado de las seudo dictaduras apoyadas por occidente.

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