Fachada de una cárcel de Marruecos. / B.S

Fachada de una cárcel de Marruecos. / B.S

Porrazos, golpes con palos en la planta de los pies, horas apresados a la celdas, incomunicación,… Esta son algunas de las técnicas más repetidas en las cárceles en Marruecos, y que el propio CNDH (Consejo nacional de los derechos humanos), organismos perteneciente a la corona alauí que fue creada tras la reforma de la constitución, ha denunciado públicamente en un informe.

El documento publicado hace cinco meses afirmaba, tras visitar numerosas cárceles de Marruecos, la persistencia de abusos dentro de las prisiones cometidos por el personal penitenciario contra los reclusos. Estos consideraron una clara violación de las normativas que regulan el sistema penitenciario y una violación de las convenciones internacionales en la materia, el consejo definió estos actos como tratos o penas “crueles, inhumanas y degradantes”.

Sin embargo, meses después los resultados de las recomendaciones emitidas por el CNDH apenas han tenido efecto ya que las denuncias de presos siguen llegado. El pasado 7 de febrero de 2013 la asociación de ayuda a los presos españoles en Marruecos envió una grabación de un preso español en la Cárcel de Tánger, conocida como el Infierno, denunciando la grave situación que vive su padre enfermo de corazón y sin asistencia médica. “La situación en la que se encuentran es crítica, nadie le echa cuentas, no lo llevan al médico, la sanidad es insuficiente, la higiene, todo” comenta desesperado el hijo.

De momento la situación de estos dos españoles sigue sin ser atendida, mientras esperan una solución y la presión de las autoridades españoles, no obstante el contacto con el exterior es casi nulo como afirmaba el informe.

El Consejo Real de Derechos Humanos denunciaron las violaciones a reos en el país alauí

El CNDH constató que los reclusos extranjeros padecen otras violaciones especiales como la falta de comunicación con el mundo exterior en algunos casos, debido al obstáculo del idioma, y la imposibilidad de beneficiar de las visitas, además en muchos casos no disponen de ninguna asistencia jurídica que les garantice un juicio justo.

Este último aparto lo acaba de denunciar un empresario español detenido desde hace cuatro meses en Tánger, acusado de blanquear dinero, y sigue sin tener un juicio. “Aquí no hay abogados que quieran ayudar, solo cogen el dinero, mucho dinero por ejemplo 2.000 euros por persona y luego no hacen nada y nos quedamos aquí abandonados” comenta el reo.

Pero los peor parados en las cárceles de Marruecos no son los ciudadanos europeos sino los ciudadanos de origen subsaharianos, que según el consejo sufren abusos ligados a la discriminación por motivo del color de la piel por parte de los mismos prisioneros o por parte de la administración penitenciaria en algunos casos.

Aparte de la dificultad del idioma o la ausencia de visita, el gran problema es la incomunicación con las embajadas de sus respectivos países, sea debido al desentendimiento de las referidas embajadas pese a ser avisadas por parte de las autoridades marroquíes o sea a la falta de notificación debido al desinterés o a la indiferencia de las partes responsables de la notificación.

Sea cual fuere el motivo, las cárceles en Marruecos siguen sin garantizar los derechos fundamentales denunciados por el CNDH que contrastó las violaciones en los centro penitenciarios que a día de hoy siguen en sus creces como acreditan las historias que llegan casi a diario de cárceles como el Infierno de Tánger.

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