El brazo herido de Doumantaine en la sede de Cruz Roja en Málaga. / S.Rodrigo

El brazo herido de Doumantaine en la sede de Cruz Roja en Málaga. / S.Rodrigo


Son las ochos de la mañana y suena el clamor de un buque, es “El Melillero”, que como cada día llega al puerto de Málaga, pero hoy con sesenta y un inmigrantes subsaharianos, entre ellos once mujeres, como medida para aliviar la situación límite que vive el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), que sigue muy saturado tras los últimos saltos a la valla.

Entre ellos se encuentra Doumantaine, originario de República Centro Africana y con treinta años, llevaba tres meses en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla, pero ya tiene los pies en Europa, “gracias a dios” dice en español al recordar su experiencia en los montes fronterizos en Marruecos.

“Cada día en Melilla me acordaba de lo que hemos pasado en el Gurugú”, señala este inmigrante que presenta una fractura en su brazo izquierdo y varias heridas ocasionadas por su salto a la valla y por las concertinas.

“Ahora lo que quiero es trabajar, me da igual lo que sea, no tengo problema”, destaca el inmigrante que viene del corazón de África y que pretende buscar sus espectativas del sueño europeo en Madrid.

Varios inmigrantes a su llegada al puerto de Málaga. / S.Rodrigo

Varios inmigrantes a su llegada al puerto de Málaga. / S.Rodrigo

Tras pasar sobre una hora en la sede de la ONG en Málaga, un grupo de indocumentados han sido trasladados en vehículos al centro de acogida de Puente Genil y Baena, y otros han sido acompañados a la estación de autobuses para ir en medio público hacia Valencia.

A partir de ahora pueden moverse en libertad a espera de una orden, pero es el momento de poner en practica su deseado cambio de vida que tras un duro viaje ahora es realidad.

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