En España los desahucios son una práctica diaria, y en Andalucía igual. Esto es para todos los ciudadanos, da igual su procedencia, género o edad, sin embargo a veces la presión ciudadana logra paralizarlos. Kenneth es un migrante nigeriano, vive desde hace más de 10 años en España, donde compró una casa para su mujer y sus tres hijos. El paro lo dejó sin ingresos y no podía afrontar la deuda, pese a su propuesta de una alternativa social el banco no supo negociar. La orden de desahucio llegó hace unos días, pero Kenneth no pensaba abandonar su casa. “Yo no tengo miedo a la policía, esta casa la compre con mi familia, estos es mío. Yo quiero trabajar y pagar a el banco, yo quiero pagar cien euros, yo no tengo trabajo, no miento” señala este migrante. Desde la noche un grupo de activistas de Stop Desahucios se acorrala en su casa, si llega la policía pretenden evitar que se ejecute el desahucio para que Kenneth no se quede en la calle junto a su familia y peirda la casa que ha estado pagando durante más de ocho años.


La noche ha sido larga, desde la madrugada Kenneth habla con su madre en Nigeria y su mujer y sus hijos a los que envió junto a unos familiares a Sevilla. No quieren que presencien el desalojo. Los tranquiliza constantemente. Sin embargo poco a poco van llegando más solidarios con este migrante. Los ciudadanos se convocan a través de las redes sociales y ciudadanas y desde la madrugada van formando un piquete a las puertas del bloque de este antiguo trabajador de la construcción. “No vamos a permitir que pasen a la casa” señalan alguno de estos.

A Kenneth lo arropan también algunos vecinos y compatriotas. El respaldo lo tranquiliza. Pero la llegada de su abogado y una llama de teléfono cambian el rumbo. “El desahucio ha sido paralizado”, el banco acepta la oferta de Kenneth y podrá seguir viviendo en su casa, al menos durante dos años con posibilidad de tres, bajo un contrato de alquiler social con el que pagará 100 euros mensuales.

No es muy común que logren paralizar desahucios en España, según el abogado José Cosín se ha paralizado por “la presión de los ciudadanos no ha sido la bondad de ningún banquero los que han salvado a Kenneth, han sido los ciudadanos”. Aunque todo parecía que iba a ser “Crónica de un desahucio anunciado” finalmente la negociación con el banco, y la presión casi diaria de los activistas a las puertas del Santander han dando un respiro a este migrante que ya descansa en casa junto a su familia. En Nigeria su madre también descansa.

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