Entrada de la frontera española con Gibraltar. / WP

Sabéis que suelo seguir con bastante frecuencia e informar, con menos frecuencia, sobre los asuntos que atañen a La Roca, pero es que la situación tiene un fondo tan secreto que como siempre la culpa suele recaer sobre los más vulnerables, en este caso los pescadores gibraltareños, linenses y algecireños.

Y aunque no quiero entrar en la polémica entre los consistorios que rodean el peñón de Gibraltar, La Línea (PSOE) y Algeciras (PP), que ambos tienen una política de vecindad con la colonia inglesa que poco se parecen. Pero lo que más me sorprendió fue el resultado de la reunión de Margallo y  William Hague en Lóndres, en el que motivaron a las flotas a entenderse visto que el acuerdo Tripartito fracasó.

Es en estos momentos es cuando me pregunto donde quedó la “chuleria” del ministro Margallo cuando se topó con un eurodiputado ingles y dijo aquella frase de “Gibraltar español”, y es que en Londres el Gobierno español se achantó ante la reunión con su homólogo, el cual es un fiel aliado para defender las sanciones de la Unión Europea contra Argentina, que expropió una parte de YPF a Repsol, y del que viven una situación muy parecida como la de España acerca de la colonia de las Islas Malvinas (Falkland ).

Pero bajo este sin fin de intereses parece que los argumentos de Margallo se quedan obsoletos, es decir, en los últimos días se aludió al Tratado de Utrecht, tratado por el que España otorga la Roca a Inglaterra, que limita el agua hasta la salida del puerto y en cuya cláusula dice que el territorio será siempre inglés. Por lo que es difícil luego defender el derecho de descolonización que promueve España para Gibraltar,a demás el tratado carece de validez internacional.

Con esto no quiero decir que no sea justo que los pescadores vecinos pesquen en las aguas de Gibraltar, que se atañen a la ley del mar de Naciones Unidas, sino que la solución viene por un entendimiento de las partes, incluso con un referéndum de autodeterminación que muestre democráticamente los intereses del pueblo de Gibraltar, y que las autoridades frenen las hostilidades y que la región del Campo de Gibraltar sea una tierra rica en negocios de Ultramar, respetando el entorno medio ambiental que le caracteriza.

Personalmente creo que el nacionalismo radical no conviene en un área geográfica donde la diversidad cultural prima a ambos lados del estrecho, y cuyo entendimiento hace un ejemplo al resto de los pueblos del mundo.

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