OPINIÓN

La visita del enviado personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sahara, el estadounidense Christofer Ross, ha proporcionado una burbuja de oxígeno a un conflicto estancado en los últimos años y que se ha visto deteriorado por la lejanía de las partes en una solución democrática.

Sin embargo, algo ha cambiado en Marruecos ya que todo apuntaba a que no iba a ocurrir, puesto que el régimen deslegitimó al enviado personal de Ban Ki-moon, pero en un acto de buena voluntad el Rey de Marruecos, Mohamed VI, recibió en el palacio real de Rabat a Christofer Ross, con el que debatió una solución al contencioso, al que Marruecos ofrece una autonomía.

Es lógico que las reformas democráticas emprendidas por los países del Magreb tras la revueltas en los países Árabes hayan motivado el restablecimiento de la Unión por el Magreb Árabe (UMA), promovido principalmente por la nueva Túnez, alineada ahora con la Libia pos Gadafi y Marruecos.

Pero una UMA sin Argelia y Mauritania nunca sería enérgica, y estos no participaran hasta que se solucione el contencioso de la antigua colonia Española. Deuda que Marruecos se ha propuesto solucionar, eso sí, a su manera y respetando lo que ellos se han apropiado como su “integridad territorial”.

Polisario, y mucho menos el pueblo saharaui, no aceptaran esta decisión ya que son los refugiados y los habitantes del territorio los que tienen el derecho legitimo a la libre determinación en el marco del proceso de descolonización. Para los saharauis Ross es la esperanza.

Y es que este ha sido el primer enviado de las Naciones Unidas en viajar al propio territorio del Sahara Occidental, donde incluso se entrevistó con activistas de los derechos humanos y con tribus cercanas a las tesis de Marruecos.

Los saharauis ven en Ross la recta final, ya no solo por su experiencia en conflictos en el mundo árabe -domina la lengua del Islam- sino por su nacionalidad. Ross es estadounidense como James Baker el primer enviado de la ONU y el redactor del alto al fuego y del último plan de paz que ha tenido el conflicto, y que posiblemente sea la solución a la última colonia africana.

El Plan Baker II viene a establecer un nuevo camino para llegar a una solución pacífica del conflicto del Sáhara. Dicho plan establece un periodo de autonomía dentro del Reino de Marruecos de entre cuatro y cinco años, tras el cual se celebraría el ansiado Referéndum de Autodeterminación.

Este plan ofrecería a los refugiados reunirse con sus familiares y dar la oportunidad a Marruecos de mostrar sus avances democráticos regalando la autonomía a los saharauis y permitiendo que estos elijan su futuro, a través de un referéndum, tras años de lucha en un desierto pedregoso donde se les condenó a vivir tras la traición más grande del estado Español, y del que la democracia no supo solucionar a pesar de los esfuerzos del pueblo español.

 

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