Un hombre es trasladado a una ambulancia tras cruzar el mediterráneo en una zodiac. / S. Rodrigo

Un hombre es trasladado a una ambulancia tras cruzar el mediterráneo en una zodiac. / S. Rodrigo

Fatigados, tiritando y deshidratados. Así llegan la mayoría de personas que intenta migrar desde el continente africano a Europa, un riego que corren miles de personas cada año y que es el ejemplo de que las fronteras son franqueables por altas o peligrosas que sean.

Llega el verano y con ello se intensifican las llegadas de los migrantes a través de embarcaciones semirrígidas o en balsas de juguete al sur de Europa. El mar está calmado y el destino cerca. Este es uno de los argumentos para estos migrantes obligados en desesperación a jugarse la vida y la de sus compañeros en búsqueda de una vida mejor.

En Tarifa la distancia es casi mínima, ambos lados del estrecho están separados por 14 kilómetros, un tramo corto para personas que han recorrido miles de kilómetros. Las “toys” son económicas, pero peligrosas. En estas se suelen introducir unas diez personas que con pequeños remos cabalgan las olas del levante.

En Málaga no es muy habitual la llegada de inmigrantes, pero la instalación de una nueva valla en la zona marroquí para proteger de las migraciones a Melilla va a intensificar que los migrantes que esperan en Marruecos para llegar a Europa lo hagan a través del mar y salgan desde puntos cercanos a la zona oriental de Andalucía.

Posiblemente lo hagan en embarcaciones de plástico como los últimos casos, donde grupos de unas treinta personas se agolpan y quedan desaparecidos en medio del Mediterráneo durante horas a la espera de que el destino decida. Al llegar la mayoría están con pequeños síntomas de hipotermia, y es que el viaje es duro pero los dirigentes siguen pensando que las migraciones hay que combatirlas, y sobre todo a través de políticas de fronteras, cuando la realidad es que responde a un conflicto social, armado o político.

Y esos conflictos no interesan resolverlos. Europa sigue hablando de países desarrollados y subdesarrollados, un error ya que la realidad es que hay países expoliadores y no expoliadores. Y mientras Europa siga chupando del bote africano y erigiendo muros, miles de expoliados seguirán llegando ya que la riqueza no revierte sobre ellos y garantiza el estado consumistas de la Europa de la Unión.

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